esa doble imagen con la que juego a imaginarme otras historias:
la del cristal como delgado puente
tendido sobre la abismal distancia que significa tu presencia,
y la de la máscara de otra mujer que existe sólo porque tu le das tu voz...
y ese detenerse,
es tomar por un instante la mano imposible,
la siempre postergada historia inaprensible,
soñar con disfrazarse por un instante
y alcanzar a oír esa voz sin cristales ni máscaras por un momento...
así sea para sentir cerrarse las puertas del sueño
con la irrevocable certidumbre de un cuarto en el que seguimos trabajando nuestro anonimato...
emerges a la vida,
tu cara surca el abismo y se me escapa,
roza con un hálito de imposibles
las aguas de un estanque que se conmueve en sus entrañas
y le regala más estrellas a la noche en su reflejo...
emerges a la vida,
con la palabra que te desnuda y se oscurece
llamando la atención sobre un espacio que re-creas,
que nace nuevamente, con otras dimensiones,
cuando decides dibujarlo en la palabra...
sí,
uno se detiene,
vibra en uno la resonancia de esa voz trayendo colores de otro espacio,
vibra en uno el anhelo desbordante de la palabra que se extiende
para surcar el abismo como tú lo haces,
para sin saberlo quizás,
tocar otra orilla,
en la que resuena la música inaudible de tu pelo libre celebrando al viento...