¿De donde esta pujante fuerza que nos impulsa?
¿de donde y por qué este afan por lo inefable?
Esta sed insasiable por decir lo indecible, esta necesidad de parir un nuevo lenguaje desde las simples y faltas bases de otro que ya existe y que nos es insuficiente; este anhelo infatigable por quebrar las fronteras de la separatividad y sensibilizar otras existencias con el socorro de la estética creada por nuestras propias reglas, por nuestras propias manos y nuestra fuerza.
"Un poema es la palabra tatuada en los espejos,
una llama que purifica el alma
mientras se siembra en otras existencias...
Un desafío a nuestras limitaciones humanas
y una advertencia soberbia a la divinidad...
Es hacer honor al amor de Prometeo,
a su noble astucia,
a su audacia...
Es tomar de la misma vid de Apolo,
y burlar en un instante,
nuestra condena inherente a lo fugaz del tiempo,
a la proximidad de la muerte...
La ruptura inminente
con la virulencia asfixiante del patrón...
Es el ascenso
trazado por nuestra frágil existencia
en el oscuro camino de lo más hondo;
y a la vez,
el ascenso
trazado por nuestro paso
en lo más luminoso del firmamento...
Es un intento,
una bala con objetivos,
pero sin rumbos,
sin trayectorias pronosticables...
o una bala sin objetivos,
que va trazando hermosos giros
y caminos mientras sacia su sed
por alcanzar y lo inasible...
El punto exacto donde la palabra
enarbola su máximo valor
y se hace más estridente y firme que nunca,
habiendo aceptado su condena esencial
que puede remitirla al silencio y a la nada...
Es sencillamente,
en nuestra tentativa por la inmortalidad ,
la afirmación
de lo que parece imposible afirmar...
decir,
de lo indecible..."
lunes, 15 de octubre de 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)